El Sr. K siempre tuvo dificultades para relacionarse con la gente, las relaciones personales nunca se le dieron bien. Él le echaba la culpa a un inexistente autismo, la fuerza era poderosa en su familia. Y como todo tiende al equilibrio según la termodinámica, para compenzar esta deficiencia, el Sr. K. tenía una facilidad increíble para relacionarse con los animales. Después de convivir y analizar las conductas de las mascotas que atendía en su clínica veterinaria, un día el Sr. K se planteó unas hipótesis: "¿En que punto de la evolución hemos perdido nuestras colas?" "¿Existe una relación directa entre la pérdida de nuestras colas y el desarrollo de el lenguaje verbal?" "¿Era la cola un instrumento revelador de la verdad para los depredadores de nuestros antepasados, así que estos se vieron obligados a perderla para preservar la especie?" Si fuéramos capaces de mover la cola alegremente cuando saludamos a quien nos hace sentir felices. Si...
Algo extraño le ocurría cada solsticio y equinoccio al Sr. K. De hecho, el afirmaba que el tiempo debería de medirse por estaciones y no por calendarios. Su comportamiento se volvía más extraño de lo normal, como lo ocurrido aquella noche de luna llena del 27 de septiembre de 2034. Aquella vez tuve la oportunidad de dialogar brevemente con él en el jardín del hospital geriátrico. Lo encontré observando la enorme luna roja mientras daba vueltas alrededor de un mezquite. Repetía una y otra vez la frase: "no debieron de cortar este mezquite, tenía más de 400 años, lo plantamos Eugenia y yo", "no debieron de cortar este mezquite, tenía más de 400 años, lo plantamos Eugenia y yo". Me acerqué tratando de entablar una conversación- -¿Qué hace Sr. K? -Le pongo comida al perro mientras se me baja el ácido. -¿Ácido? -pregunté sorprendido -¿Cuando consumió ácido? -En Bahía de Kino en mi cumpleaños, creo que fué en el 2009. -Hace 25 años de eso Sr. K. -Hay noches...